
Desde junio de 2025, los celulares y tabletas vendidos en la Unión Europea deben llevar una etiqueta energética obligatoria. Se trata de una iniciativa pionera que, además del ahorro eléctrico per se, busca informar sobre la durabilidad, la resistencia física y la capacidad de reparación de los dispositivos.
Esta medida llega en un momento en que el uso de tecnología se ha disparado en todo el mundo. Y aunque por ahora solo aplica en Europa, América Latina debería mirar muy de cerca esta iniciativa, ya que podría traer enormes beneficios para consumidores, fabricantes y el medio ambiente.
Los dispositivos ahora deben mostrar, de forma clara y accesible:
Esto no solo empodera al consumidor, sino que presiona a los fabricantes para producir dispositivos más sostenibles y duraderos.
En Latinoamérica aún no existe una regulación similar. Aunque sí hay avances en políticas de reciclaje o iniciativas de economía circular, los teléfonos y tabletas no están obligados a mostrar información sobre su consumo energético, duración o facilidad de reparación.
Esto significa que, a diferencia de Europa, el consumidor en la región muchas veces compra a ciegas: sin saber si ese celular durará varios años, si podrá repararlo fácilmente o si su batería rendirá como promete la marca.
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