¿Estamos viendo el próximo gran dispositivo después del smartphone?

Meta llegó a septiembre con una apuesta cada vez más clara por las gafas, y en su evento Connect 2026 presentó nuevas Ray-Ban Meta, amplió su catálogo de lentes con inteligencia artificial y anunció que su agente Muse también podrá utilizarse desde estos dispositivos. Con esta innovación, la compañía espera tener más de 100 modelos de gafas con IA entre sus diferentes líneas antes de terminar el año.

Los nuevos modelos van más allá de poner un asistente dentro de unas gafas, ya que pueden utilizar la cámara para interpretar lo que ocurre delante del usuario, responder preguntas, traducir conversaciones y ofrecer información mediante audio. Las versiones con pantalla añaden navegación, notificaciones y otros elementos que aparecen directamente en el campo de visión.

La empresa de investigación y análisis del mercado tecnológico IDC registró un aumento interanual del 35,3 % en los envíos de gafas y visores XR durante el segundo trimestre de 2026. Las gafas de audio y sin pantalla representaron el 70,3 % de los dispositivos enviados, y las gafas con pantalla tuvieron una participación del 14,3 %.

Counterpoint Research encontró un crecimiento todavía mayor en las gafas con IA. Sus envíos aumentaron 263 % durante el primer semestre de 2026 frente al mismo periodo de 2025, mientras el 96 % de los dispositivos enviados eran modelos sin pantalla.

Novedad tecnológica

Las estadísticas muestran una evolución porque hasta hace poco la realidad aumentada estaba asociada a una pantalla delante de los ojos, pero ahora las Ray-Ban Meta, por ejemplo, parecen unas gafas convencionales que llevan cámaras, micrófonos y altavoces, y permiten hacer fotografías y videos, escuchar música o interactuar con la IA mediante la voz.

En el mismo evento, Meta presentó sus nuevas gafas con display con funciones como navegación y acceso a información del teléfono. Esto plantea un reto diferente, porque al añadir una pantalla se deben tener en cuenta aspectos como peso, autonomía, tamaño y comodidad que no aparecen de la misma manera en unas gafas de audio.

La carrera tecnológica no se está produciendo únicamente dentro del mercado de realidad aumentada. Samsung, OpenAI y otras compañías también están explorando dispositivos que puedan acompañar al usuario durante el día y asumir parte de las funciones que hoy dependen del smartphone.

Pero hay otro dilema que resulta más difícil de resolver con hardware. Una cámara colocada en la cara no solo registra a quien lleva las gafas, sino que también puede captar a las personas que están delante, lo que invita a pensar que la privacidad se está convirtiendo en uno de los principales obstáculos para esta nueva generación de dispositivos.

Mientras tanto, las gafas siguen siendo el formato que más está creciendo entre los nuevos dispositivos con IA. Y buena parte de ese crecimiento está ocurriendo sin realidad aumentada, sin hologramas y sin una pantalla delante de los ojos.

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¿Y si la IA no te ahorra trabajo… sino que te da más?

¿Sabías que el 47 % de los trabajadores encuestados por Boston Consulting Group (BCG) afirma que ahora dedica más tiempo a gestionar y dirigir herramientas de IA que a hacer directamente parte de su trabajo? El dato forma parte de una encuesta realizada a más de 11 mil trabajadores de 14 mercados y muestra un cambio concreto en la jornada, ya que además de usar la herramienta, hay que indicarle qué hacer, revisar sus resultados y corregir lo que no funciona.

El ahorro de tiempo también aparece en los resultados. El 42 % de los empleados que utilizan IA habitualmente afirma que consigue ahorrar al menos ocho horas a la semana, el equivalente a una jornada laboral; sin embargo, el 66 % recibe poca o ninguna orientación sobre qué hacer con ese tiempo y más de la mitad no lo dedica a trabajo estratégico.

Una parte de ese tiempo se está trasladando a tareas que antes no estaban en el puesto. Un empleado puede utilizar IA para preparar un documento y después encargarse de comprobar datos, ajustar el contenido y decidir qué versión puede utilizarse. Mientras, por ejemplo, un analista puede obtener una primera lectura de información en segundos y dedicar más tiempo a revisar los resultados. Y un programador puede generar código y concentrarse después en probarlo y detectar errores.

El Work Trend Index 2026 de Microsoft muestra que el impacto de la IA no se limita a hacer más rápido el trabajo que ya existe. El 58 % de los usuarios de IA encuestados afirma que ahora produce trabajos que hace un año no podía realizar. Al mismo tiempo, el 50 % considera que el control de calidad de los resultados de IA es una habilidad especialmente importante y el 46 % destaca el pensamiento crítico. Además, el 86 % utiliza las respuestas de IA como punto de partida y no como resultado definitivo.

Eso también modifica la relación con la herramienta porque ahora la IA puede producir un primer resultado, pero alguien tiene que decidir si sirve, si hay que hacer algún ajuste y qué información falta. En algunos puestos, esa revisión puede ocupar una parte importante del tiempo que antes se dedicaba a producir el contenido desde cero.

La Organización Internacional del Trabajo revisó este año la evidencia disponible sobre productividad, empleo y organización del trabajo y encontró que las ganancias de productividad asociadas con la IA generativa son reales, aunque desiguales y todavía difíciles de comprobar en muchos casos. Los trabajadores reportan ahorros de tiempo, pero esos ahorros no se han convertido de manera general en más producción, mayores ingresos o más empleo.

La misma revisión señala cambios en la organización del trabajo, ya que algunas tareas se automatizan, otras quedan bajo supervisión humana y aparecen nuevas responsabilidades relacionadas con la coordinación y el control de las herramientas.

Al final, ahorrar tiempo con IA no significa necesariamente tener menos trabajo, sino que puede significar tener tiempo para hacer otras cosas, asumir nuevas tareas o dedicar más atención a las que requieren criterio y experiencia. La herramienta hace una parte, pero el trabajo sigue estando ahí.

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Tu jefe puede llamarte por videollamada… y no ser él

El 41 % de los responsables de ciberseguridad encuestados por la empresa de investigación y consultoría Gartner aseguró haber registrado al menos un incidente de ingeniería social con un deepfake durante una llamada de audio en los últimos 12 meses. En las videollamadas, el porcentaje fue del 36 %.

La encuesta, realizada entre marzo y mayo de 2026, incluyó a 297 responsables de seguridad de empresas y ayuda a entender por qué la suplantación de identidad es un problema que merece ser atendido. Una estafa ya no necesita limitarse a un correo que imita al jefe, un mensaje de WhatsApp o una llamada desde un número desconocido, sino que también puede incluir una voz que suena como la de esa persona y hasta una cara que parece ser la suya.

Uno de los casos más conocidos ocurrió en Hong Kong cuando un empleado de la firma de ingeniería Arup recibió instrucciones para realizar una operación financiera y terminó participando en una videollamada con varios supuestos compañeros de trabajo. Las imágenes y las voces habían sido manipuladas con inteligencia artificial. El resultado fueron 15 transferencias que sumaron unos USD 25 millones.

La historia se conoció en 2024, pero la técnica que mostró aquel fraude ha seguido desarrollándose. El FBI ya advertía entonces sobre el uso de clonación de voz y video para hacerse pasar por familiares, compañeros de trabajo y socios comerciales. En una alerta publicada en julio de 2026, la agencia volvió a señalar que los delincuentes están utilizando videos generados con IA y conversaciones de video en tiempo real para hacerse pasar por ejecutivos y otras figuras de autoridad.

La vulnerabilidad humana

Para construir una identidad falsa, los atacantes pueden aprovechar información que la propia víctima o su empresa han publicado en internet, que incluye fotografías, videos, cargos, nombres de compañeros, proyectos e incluso la forma natural de comunicarse.

Eso hace que la ingeniería social tenga un componente diferente, ya que el atacante no necesita entrar primero en los sistemas de una compañía, sino que puede intentar conseguir que alguien autorizado haga exactamente lo que él necesita.

Por ejemplo, una petición urgente de transferencia puede llegar por correo y después continuar en una llamada, o un ejecutivo puede aparecer en una videoconferencia y pedir acceso a determinada información. Lo más grave es que la conversación puede parecer normal porque está construida alrededor de datos reales.

Detectar pequeños errores visuales tampoco ofrece una solución segura. El propio FBI advierte que el contenido generado con IA puede ser difícil de identificar y menciona señales como movimientos poco naturales, problemas de sincronización o voces extrañas, pero también recomienda comprobar la identidad por otros medios cuando exista una duda.

Gartner plantea una recomendación similar y propone que, en lugar de enseñar a los empleados únicamente a reconocer contenido falso, se convierta la verificación en un procedimiento habitual para solicitudes de alto riesgo, sin importar si llegan por correo, teléfono, video o una plataforma de colaboración.

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El gaming se expande más allá de la consola

Hasta hace poco, para jugar videojuegos había que tener una consola conectada al televisor o disponer de un PC preparado para el gaming; sin embargo, en la actualidad un mismo jugador puede pasar de una consola a un teléfono, jugar desde un PC portátil durante un viaje y terminar la partida en otro dispositivo sin que el juego tenga que quedarse atado a un solo dispositivo.

Los datos del mercado muestran la nueva realidad del gaming. La empresa de análisis de datos digitales Sensor Tower calcula que en 2025 se descargaron 52.000 millones de juegos entre móviles, PC y consolas. Solo los teléfonos concentraron unas 95.000 descargas de juegos por minuto. El mercado móvil generó alrededor de USD 82.000 millones en ingresos por compras dentro de las aplicaciones, mientras PC y consolas también registraron crecimiento durante el año.

Hoy sabemos que el teléfono ya se convirtió en una de las formas más sencillas de entrar al gaming. No hace falta comprar una consola ni montar un equipo específico, sino que para millones de personas basta con instalar un juego y, dependiendo del título, conectar un control o jugar directamente en la pantalla táctil.

También hay jugadores que buscan una experiencia más cercana a la de una consola sin renunciar a la posibilidad de llevarla consigo. Es allí donde aparece una nueva opción, como los handhelds, que son una de las expresiones más claras de esta expansión.

Lenovo ha desarrollado su familia Legion Go, mientras ASUS y MSI compiten con equipos que llevan la experiencia del PC gaming a una pantalla integrada con controles físicos. Este año, Xbox también se sumó a este segmento junto con ASUS, con los ROG Xbox Ally, ampliando las opciones para quienes quieren jugar con la libertad de un dispositivo portátil sin depender de un televisor o un escritorio.

Otra alternativa

Además, otra opción es no llevar el juego contigo, sino dejar que el hardware que lo ejecuta esté en otra parte.

El cloud gaming permite transmitir un juego desde servidores remotos hacia un teléfono, una PC, un televisor compatible o un dispositivo portátil. Xbox lleva tiempo ampliando esta posibilidad y ya permite utilizar su servicio en distintos tipos de equipos. En 2025, por ejemplo, amplió el acceso a televisores LG y dispositivos Fire TV en algunos países de Sudamérica, además de llevar Xbox Cloud Gaming a India.

Antes del cierre de 2026 llegará otro cambio cuando Microsoft permita comprar horas de juego en la nube sin mantener una suscripción a Game Pass. Además, los planes tendrán límites mensuales de uso que cuando se consuman podrán ser extendidos con la compra de tiempo adicional.

Estas novedades muestran que el gaming está dejando de organizarse alrededor de una única pieza de hardware. Una biblioteca puede acompañar al jugador entre dispositivos, un juego puede ejecutarse localmente o desde la nube y un handheld puede funcionar como PC, consola portátil o acceso a servicios de streaming.

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Lo más leído, aquí: El gaming encuentra en Latinoamérica un mercado enorme

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La IA quiere conocerte, pero ¿cuánto estás dispuesto a contarle?

Hace unos años, una conversación con un asistente de IA terminaba cuando cerrabas la ventana. Al día siguiente podías volver a escribirle y tener que explicar otra vez quién eras, qué estabas haciendo o por qué necesitabas determinada respuesta.

Pero eso está empezando a quedar atrás, ya que las principales plataformas de IA están desarrollando sistemas capaces de conservar información sobre sus usuarios y utilizarla en conversaciones posteriores. Microsoft Copilot ya puede recordar detalles de las conversaciones, desde preferencias de comunicación hasta objetivos laborales y tareas recurrentes. ChatGPT utiliza memorias guardadas y conversaciones anteriores para personalizar sus respuestas, mientras Gemini también está incorporando funciones para aprovechar el contexto de interacciones previas.

Esta innovación es de gran ayuda porque si una persona utiliza un asistente durante meses para trabajar en un proyecto, preparar documentos o resolver determinadas tareas, no tiene que volver al comienzo en cada momento, sino que la IA puede aprovechar ese contexto para responder de una manera más ajustada a sus necesidades.

Para una empresa, la posibilidad resulta todavía más interesante. Un asistente que conoce el contexto de un proyecto puede recuperar información relevante, mantener continuidad entre conversaciones y reducir parte del trabajo repetitivo. En lugar de recibir instrucciones aisladas, empieza a trabajar con una imagen más amplia de lo que el usuario necesita.

Pero esa comodidad tiene un precio. Para conocer mejor al usuario, la IA necesita información sobre él. Puede tratarse de algo tan sencillo como una preferencia de formato o el tipo de respuestas que suele buscar. Con el tiempo, el conjunto puede crecer. Proyectos, intereses, hábitos de trabajo y conversaciones anteriores pueden formar parte del contexto que el sistema utiliza para personalizar sus respuestas. En determinadas configuraciones, también pueden entrar en juego archivos o aplicaciones conectadas.

Y eso plantea preguntas, especialmente ante las noticias y rumores que han surgido recientemente sobre los riesgos que puede conllevar la IA en distintos ámbitos: ¿Qué debería recordar una IA? ¿Qué información conviene mantener fuera de ella? ¿Cuánto tiempo debería conservar esos datos? ¿Y puede el usuario saber exactamente qué está utilizando el sistema para construir una respuesta?

Las compañías están incorporando controles para responder a parte de estas preocupaciones. Microsoft Copilot permite revisar, editar y eliminar los recuerdos que guarda sobre el usuario, además de desactivar la memoria o utilizar chats temporales. OpenAI ofrece opciones similares en ChatGPT, mientras Google permite gestionar la personalización de Gemini y decidir qué información puede utilizar el asistente.

A medida que estas funciones se vuelvan más habituales, la relación con los asistentes de IA también puede cambiar. Una herramienta que recuerda nuestras preferencias y el contexto de nuestro trabajo puede ahorrarnos tiempo y ofrecer respuestas más precisas, pero también acumula más información sobre nosotros. La cuestión pasa por saber qué estamos dispuestos a compartir, qué control tenemos sobre esos datos y cuánto queremos que una IA llegue a conocernos. Entonces, si la IA quiere conocerte cada vez mejor, ¿cuánto estás dispuesto a contarle?

Haz clic y entérate: ¿Ya reservaste tu nombre de usuario en WhatsApp?

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El Wi-Fi 7 ya está aquí y la diferencia se empieza a notar

El Wi-Fi 7 dejó de ser una promesa para convertirse en una de las principales apuestas de las redes empresariales. Los números de IDC lo dejan bastante claro, ya que, en el primer trimestre de 2026, los access points compatibles con esta tecnología representaron el 44,5 % de los ingresos del segmento empresarial, frente al 11,8 % registrado un año antes.

La velocidad tiene mucho que ver, pero el verdadero cambio aparece cuando una red tiene que atender a decenas o cientos de dispositivos al mismo tiempo y, además, mantener funcionando videollamadas, aplicaciones en la nube, cámaras, sistemas IoT o herramientas de inteligencia artificial.

Por ejemplo, una mala conexión en una oficina no siempre se manifiesta como una descarga lenta, sino que puede ser una videollamada que empieza a entrecortarse cuando la sala se llena, una aplicación que tarda en responder o un equipo que pierde estabilidad al desplazarse entre zonas con distinta cobertura.

Una de las novedades más importantes del Wi-Fi 7 es el Multi-Link Operation (MLO), que ayuda a que los dispositivos compatibles puedan utilizar más de un enlace de forma simultánea, aprovechando diferentes bandas y reaccionando mejor cuando una de ellas encuentra interferencias.

Tecnología de punta

En pruebas realizadas por Wireless Broadband Alliance con AT&T, RUCKUS Networks e Intel, MLO consiguió hasta un 116 % más de rendimiento de subida bajo interferencia y redujo hasta un 66 % la latencia de subida en tráfico en tiempo real. Estos resultados se obtuvieron en condiciones concretas y muestran por qué la tecnología resulta especialmente interesante en entornos congestionados.

El escenario también cambia para las aplicaciones que dependen de una respuesta rápida. Gaming, videoconferencias y experiencias de realidad extendida son ejemplos evidentes, pero el crecimiento de la inteligencia artificial añade otro elemento, ya que cada vez más equipos ejecutan funciones de IA localmente y muchas aplicaciones combinan procesamiento en el dispositivo con servicios en la nube.

En los hogares ocurre algo parecido, aunque a menor escala, debido a que televisores, consolas, computadores, teléfonos, cámaras y dispositivos inteligentes comparten la misma conexión. El problema aparece cuando varios quieren utilizarla al mismo tiempo porque las pruebas residenciales de la WBA han mostrado que MLO puede mejorar el rendimiento y reducir la latencia incluso cuando existe interferencia.

Los expertos también señalan que para aprovechar las funciones más avanzadas del Wi-Fi 7, el dispositivo conectado también debe ser compatible.

Por eso la transición empresarial tampoco tiene que ser un cambio de infraestructura de un día para otro, sino que lo más recomendable es que se empiece por los espacios donde la red soporta mayor cantidad de usuarios y tráfico y mantener equipos de generaciones anteriores donde todavía cumplen bien su función.

El Wi-Fi 7 llega en un momento en que cada vez hay más cosas compitiendo por la misma red. La IA, el video en tiempo real y el IoT están aumentando las exigencias, y una conexión rápida ya no siempre es suficiente.

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La IA se está saliendo de la nube y ahora quiere vivir contigo

La IA ya está entrando en teléfonos, computadores, relojes y otros dispositivos que utilizamos todos los días. Sabemos que muchas de esas funciones todavía dependen de la nube, pero lo llamativo es que cada vez hay más equipos capaces de procesar parte de la información directamente.

Hasta hace poco, la mayor parte del trabajo de la IA ocurría lejos del dispositivo, debido a que el equipo enviaba los datos a un servidor, allí se procesaba la información y después recibíamos el resultado. Pero ahora los fabricantes están repartiendo ese trabajo entre la nube y el propio dispositivo.

El teléfono empieza a hacer más cosas por su cuenta

Los smartphones son uno de los mejores ejemplos, porque pueden resumir llamadas, reconocer objetos en fotografías, traducir conversaciones y buscar información dentro de determinados contenidos almacenados en el dispositivo.

Google está ampliando estas funciones con Gemini, mientras que nuevas herramientas llegarán progresivamente a teléfonos Pixel y Samsung Galaxy, además de relojes, automóviles, gafas y laptops. Incluso algunas pueden realizar tareas que requieren varios pasos y utilizar más de una aplicación.

Para el usuario, esto puede significar menos tiempo saltando de una aplicación a otra. Si necesita encontrar un dato que está en un mensaje antiguo, por ejemplo, la IA puede encargarse de localizarlo. En otros casos puede resumir información o preparar una respuesta a partir de lo que encuentra.

Aunque son tareas sencillas, esto muestra hacia dónde se están moviendo los dispositivos. La IA empieza a trabajar con información que ya está en el equipo y con lo que el usuario está haciendo en ese momento.

La NPU llega a las nuevas generaciones

Hay un componente que está ganando importancia en los procesadores actuales. Se llama NPU (por Neural Processing Unit), y está diseñado para ejecutar operaciones relacionadas con inteligencia artificial.

Una NPU permite procesar determinadas funciones directamente en el dispositivo. No sustituye a la CPU ni a la GPU, sino que se ocupa de tareas para las que está especialmente preparada.

Esto puede reducir el tiempo necesario para algunas operaciones y también el volumen de información que debe enviarse a la nube. Además, en determinadas aplicaciones permite que los datos permanezcan en el propio equipo.

Qualcomm, Intel y AMD ya incorporan NPU en diferentes generaciones de sus procesadores. En las nuevas PC, esta capacidad se ha convertido en una característica cada vez más habitual.

También está llegando a la muñeca y a las gafas

Los relojes inteligentes llevan años recopilando datos sobre actividad física, sueño y otros indicadores. El siguiente paso es conseguir que el dispositivo pueda interpretar mejor esa información y ofrecer respuestas más útiles.

Las gafas inteligentes tienen otra ventaja, ya que permiten acceder a determinadas funciones sin tener que sacar el teléfono.

IDC registró un crecimiento interanual de 167 % en las gafas inteligentes sin pantalla durante el primer trimestre de 2026. El mercado todavía es pequeño frente al de los smartphones, pero el crecimiento ha sido considerable.

Google también ha mostrado funciones de Gemini para gafas capaces de ofrecer indicaciones, enviar mensajes y tomar fotografías mediante comandos de voz.

Todavía habrá que esperar para saber cuáles de estas funciones consiguen convertirse en algo habitual, pero la expectativa ya empezado a correr sin freno entre los expertos y fans de la tecnología.

El hardware también empieza a cambiar

Para las empresas, esta evolución introduce nuevos criterios a la hora de elegir equipos. El procesador, la memoria y la conectividad siguen siendo importantes, pero ahora también hay que mirar qué tareas de IA puede ejecutar un dispositivo por sí mismo.

La conexión con la nube seguirá siendo necesaria para funciones que requieren más capacidad de procesamiento, mientras que otras podrán resolverse directamente en el equipo.

Esto afecta a distintas categorías de tecnología. Por ejemplo, una PC, un smartphone, un wearable o un periférico pueden incorporar funciones de IA y formar parte de una misma experiencia de trabajo.

Para quienes comercializan tecnología, conocer estas diferencias será cada vez más importante, ya que no todos los dispositivos con IA ofrecen las mismas capacidades y la etiqueta, por sí sola, dice poco sobre lo que realmente puede hacer un equipo.

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Los números que llevas en la muñeca hablan claro

Si llevas en tu muñeca un smartwatch, tienes a la mano un montón de información sobre lo que haces durante el día, como pasos, pulsaciones, horas de sueño, calorías y hasta niveles de oxígeno.

Y si ya eres usuario de un reloj inteligente, seguramente revisar estos datos se ha convertido en parte de la rutina. Y si estás pensando en comprar uno, te encuentras a un paso de acceder a una gran cantidad de datos. Por eso, en inBYTE te contamos que la clave está en entender qué nos puede decir cada métrica.

La frecuencia cardíaca es uno de los datos más útiles que puede registrar un reloj inteligente. El sensor puede seguir las pulsaciones mientras descansamos, caminamos o hacemos ejercicio y mostrar cómo responde nuestro cuerpo en diferentes momentos.

Una revisión que reunió 82 estudios y fue publicada en la revista científica npj Digital Medicine encontró un buen nivel de acuerdo en las mediciones de frecuencia cardíaca de Apple Watch. Pero hay que tener en cuenta que la precisión puede cambiar según la actividad, el movimiento y las características de cada persona.

Los pasos siguen siendo la métrica favorita

El contador de pasos es una de esas métricas tan sencillas como útiles y de las más utilizadas en todo el mundo.

Ver cuántos pasos damos durante una jornada permite comparar nuestra actividad, establecer objetivos y descubrir cuándo estamos pasando demasiado tiempo sentados. Los smartwatches de marcas como Apple, Samsung, Xiaomi, Motorola y Huawei incorporan esta función junto con herramientas para registrar entrenamientos y movimiento.

Aunque mantener una buena cantidad de pasos al día es una práctica sana y ventajosa, los expertos recomiendan no convertirla en una obsesiva carrera contra el reloj. Lo más importante es moverse, motivarse y, dado el caso, alegrarnos si hoy caminamos un poco más que ayer.

El sueño también cuenta

El smartwatch no se apaga cuando llega la noche, ya que mientras dormimos continúa recopilando información y puede estimar cuánto tiempo descansamos y cómo se distribuye el sueño.

La precisión de estas mediciones puede variar, especialmente cuando se intenta identificar las diferentes etapas del descanso. Aun así, los estudios encuentran utilidad en los wearables para seguir patrones generales de sueño.

El aspecto más importante es que la información recopilada permite comparar varias noches y descubrir cambios en nuestros hábitos de sueño.

Calorías, solo como punto de referencia

El gasto energético que aparece en la pantalla no es una medición directa. El reloj realiza una estimación a partir de datos como el movimiento y la frecuencia cardíaca.

Por eso, resulta más útil para comparar nuestra actividad que para tomar como exacta una cifra concreta. La evidencia científica también muestra que esta métrica presenta más variabilidad que otras, como la frecuencia cardíaca.

La saturación de oxígeno (SpO₂) y otros valores relacionados con el bienestar amplían todavía más la información que puede ofrecer un smartwatch.

Aquí conviene tener presente una diferencia importante. Estos dispositivos pueden ayudar a seguir tendencias y hábitos, pero no sustituyen una evaluación médica. La FDA, por ejemplo, recomienda no utilizar wearables no autorizados para medir la presión arterial y advierte que no deben utilizarse para medir glucosa por sí solos.

Como hemos visto, un smartwatch puede acumular una buena cantidad de información con el paso de los días. Pero lo interesante es poder mirar esos datos en conjunto y descubrir cómo estamos durmiendo, cuánto nos movemos o cómo responde nuestro cuerpo durante el ejercicio para recordar que cuidar nuestra salud es una tarea diaria.

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¿Ya reservaste tu nombre de usuario en WhatsApp?

WhatsApp comenzó a desplegar los nombres de usuario, una función que permitirá iniciar conversaciones sin compartir el número de teléfono. La reserva de estos identificadores comenzó a finales de junio y la activación se está haciendo de forma progresiva.

Hasta ahora, pasar el contacto de WhatsApp significaba, en la práctica, entregar el número. Con los nuevos nombres de usuario, eso cambia para las conversaciones con personas que todavía no tienen guardado tu teléfono.

El número seguirá siendo necesario

Hay una precisión importante que nos gustaría hacerte desde inBYTE. WhatsApp no está eliminando los números telefónicos ni convirtiendo las cuentas en perfiles independientes del celular.

El número seguirá asociado a cada cuenta y será necesario para registrarse en el servicio. Lo que cambia es quién puede verlo. Si activas un nombre de usuario, una persona que te contacte por primera vez mediante ese identificador no verá tu número. Por el contrario, quienes ya lo tengan guardado podrán seguir viéndolo.

El sistema tampoco funciona como un buscador de personas, ya que WhatsApp no tendrá un directorio público de nombres de usuario ni mostrará recomendaciones. Entonces, para encontrar a alguien habrá que conocer su identificador exacto.

Esto tiene una utilidad bastante concreta. Por ejemplo, puedes conocer a alguien en un evento, entrar en un grupo con personas que no conoces o simplemente querer mantener una conversación con un contacto ocasional sin darle tu número personal.

Es hora de dar el paso

WhatsApp abrió la reserva antes de activar la función para todos. La razón es bastante evidente: hay más de 3 mil millones de usuarios en la plataforma y muchos querrán utilizar los mismos nombres cortos.

Para comprobar si ya puedes elegir el tuyo, solo hay que entrar en Ajustes > Cuenta > Nombre de usuario desde la versión más reciente de WhatsApp. Si la opción aparece, puedes seleccionar un identificador que esté disponible. Si todavía no la ves, toca esperar a que la actualización llegue a tu cuenta.

Los nombres de usuario tendrán entre 3 y 35 caracteres y deberán ser únicos. WhatsApp también ha reservado determinados nombres para reducir el riesgo de suplantaciones. Creadores, pequeñas empresas y organizaciones podrán intentar mantener el mismo identificador que utilizan en Facebook o Instagram, siempre que cumpla con las condiciones de la plataforma.

Otro detalle que merece atención es que WhatsApp permitirá configurar una username key, una clave adicional que la otra persona deberá conocer para poder escribirte por primera vez. Es una opción pensada para quienes quieran tener un filtro más antes de recibir mensajes de desconocidos.

Un cambio pequeño, pero bastante útil

La novedad no modifica la manera en que funcionan los chats, las llamadas o los grupos. Y tampoco obliga a abandonar el número telefónico. Lo que cambia es que cuando la próxima vez que alguien diga “pásame tu WhatsApp”, tendrás otra respuesta posible. Ahora puedes darle tu nombre de usuario.

¡Solo queda reservarlo antes de que otra persona lo haga!

Lo más leído aquí: La IA puede ayudarte a poner tu bandeja de entrada en orden

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El gaming encuentra en Latinoamérica un mercado enorme

Hay algo que cambió en los últimos años y que se nota incluso fuera de las comunidades gamer. Los videojuegos dejaron de ser una actividad asociada casi exclusivamente a una consola o a una PC para estar hoy en el teléfono, en las transmisiones de Twitch y YouTube, en los torneos, en las tiendas de aplicaciones y en una industria que mueve cifras cada vez más grandes.

Cada 29 de agosto se celebra el Día del Jugador de Videojuegos, y la fecha es una buena excusa para analizar en inBYTE, el blog de Intcomex, qué está pasando en Latinoamérica, donde jugar se convirtió en un hábito para cientos de millones de personas y en una oportunidad de negocio invaluable.

El teléfono ya es una “consola” portátil

En 2025, Latinoamérica tenía unos 372 millones de jugadores, según Newzoo, una cifra que creció 4,5 % respecto al año anterior. Y nuestra región también avanzó más rápido que el promedio mundial en ingresos por videojuegos, con un crecimiento estimado del 6,4 %.

El dato ayuda a entender que cuando hablamos del gaming, y es que ya no hace falta tener una consola para entrar en este mercado.

Latinoamérica cuenta con más de 450 millones de suscriptores móviles únicos y la expansión de las redes sigue aumentando las posibilidades de consumo de servicios digitales. Por ejemplo, la asociación GSMA ya recoge casos de operadores que están probando servicios de cloud gaming en la región. Algunas compañías ya han lanzado una plataforma que permite jugar en streaming sin necesitar hardware específico, mientras otras han comenzado a facilitar el acceso a su tienda en determinados dispositivos Android.

La industria también está creciendo desde aquí

Los estudios también demuestran que Latinoamérica no solo compra juegos desarrollados en otros lugares. En 2025, Google destinó otros 2 millones de dólares a su Indie Games Fund para apoyar a diez estudios independientes de la región. Entre los seleccionados hubo proyectos de Brasil, México, Argentina, Chile y Colombia. El programa ya suma USD 8 millones invertidos desde su creación.

El interés se debe a que en Latam hay talento para desarrollar videojuegos y, al mismo tiempo, una audiencia suficientemente grande para convertirse en un mercado atractivo.

Colombia es un buen ejemplo, ya que cuenta con cerca de un centenar de estudios de videojuegos, según datos recogidos por El Tiempo a partir del análisis del Banco Interamericano de Desarrollo.

Eso incluye desde equipos pequeños hasta empresas con capacidad para trabajar para mercados internacionales.

Los videojuegos también suman

También hay una segunda economía que proviene de los videojuegos. Un jugador compra un juego, pero también puede terminar adquiriendo un monitor, unos audífonos, un control, un teclado o un equipo completo. Puede seguir a un creador de contenido, pagar una suscripción, asistir a una competición o pasar horas viendo partidas de otras personas.

El hardware forma parte de esa experiencia. Y el crecimiento del mercado mundial ayuda a entender por qué hay tantos actores interesados. Newzoo calcula que los videojuegos generaron USD 201.600 millones en 2025, la primera vez que la industria supera la barrera de los 200.000 millones. El PC fue la plataforma que más creció, con ingresos de 43.600 millones de dólares y un aumento del 12 %.

Latinoamérica todavía está lejos de los grandes mercados de Estados Unidos, China o Japón, pero contamos con una población enorme, una base de jugadores que sigue creciendo y un ecosistema tecnológico cada vez más conectado.

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Haz clic y entérate: La nueva carrera tecnológica se libra dentro de una batería

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